Yo Soy Una Chica Con
Mala Suerte, mi vida no es nada
que yo quisiera y todos los días me sucede algo nuevo; pero adivinen que: no es
nada bueno.
Hoy estaba en la parada de autobuses, de repente vi venir el
bus, sentí una inmensa alegría: por primera vez llegaría temprano a la
universidad; delante de mi transporte venia otro que desafortunadamente se
detuvo en el lugar en donde yo me encontraba, mi autobús siguió en su ruta y yo
corría detrás gritando:
-
¡Señor por favor espere! ¡deténgase! ¡señor por
favor!
Pero de nada sirvió así que tuve que esperar el otro autobús
que para mí desdicha se quedó sin gasolina a unas 8 cuadras de la universidad. No
me quedo más remedio que correr, aunque cuando llegue el profesor no me permitió
ingresar a clase, perdí la exposición que tenía preparada y llamaron a mis
padres, quienes en casa me castigaron.
-¡Esto es lo peor! ¡Todo me pasa a mí! – gritaba en mi
cuarto con una almohada en la cara…
Aunque no sé si deba agradecer que hoy no me cayera en un
charco de lodo, pisara caca de perro, tuviese que hacer un trabajo de reflexión
o tantas de las cosas malas que suelen pasarme…
Comienza otro nuevo día,
pero ¿qué tiene de nuevo?, probablemente nada; solo más infortunios.
Estoy en la cafetería observando a esa chica linda que sonríe todo el tiempo y
hoy no era la excepción, siempre había querido preguntarle como tener una vida
feliz, se notaba a simple vista que nunca había tenido ni un solo mal día. Hoy
era la oportunidad, ella se sentó a mi lado:
-Hola ¿cómo estás?
-¡Hola! muy bien ¿y tú?
-quisiera decir lo mismo
-Entonces hazlo, el hecho de que no haya sido un buen día no
quiere decir que no puedas sonreír
-Bueno, es que de hecho yo nunca tengo un buen día
-Hay que ser siempre positivos. Encontrémonos aquí la próxima
vez y me cuentas más sobre ti, es solo que en este momento tengo algo urgente
que hacer. Cuídate -Agrego con una brillante sonrisa…
Para ser sincera era muy agradable estar con ella, se podía sentir
la paz que transmitía, sobre todo cuando te dirigía sus sonrisas iluminadas con
ojos llenos de brillo. Sabía que la próxima vez realmente le preguntaría.
Pasan los días pero ella no ha vuelto a la cafetería y yo
sigo teniendo malos momentos; imagínate todo lo malo que le pueda pasar a
alguien, todo eso me ocurría a mí.
Cuando caminaba lentamente por el parque fijándome para tropezarme
con nada, me choque con alguien. Oh! Era ella:
-Hola
-¡Hola! Discúlpame por no haber ido a la cafetería pero
estaba un poco ocupada, si tienes tiempo hablemos.
-Claro, si quieres escuchar mis malas anécdotas…
-Te escucho
-Bueno resulta que……- yo empecé a contarle como eran cada
uno de mis días, lo que me sucedía desde que estaba en la parada de autobuses
hasta que llegaba a casa; pero ella no dejaba de reírse, yo me estaba enojando
hasta que al final no pude más y le dije en tono alto:
-¡Oye! ¡Crees que porque tu vida es perfecta puedes burlarte
de las desgracias de otros!
-Jajaja Desgracias-Dijo muy suavemente y dejo de reírse – ¿En
realidad piensas que mi vida es perfecta y que siempre lo ha sido?
-Siempre sonríes así, que supongo que si
-Yo tenía solo 3 años cuando mi madre murió, mi padre sufrió
mucho pero no tanto como yo cuando al cumplir los 8 años dijo que me entregaría
en adopción por que no se sentía capaz de cuidarme por más tiempo; yo tenía
miedo así que huí de casa antes de que papa pudiese llevarme allí. Pase largas
noches en la calle escondida para que nadie me hiciera daño, mientras en el día
pedía limosna para poder comprar un pasaje e ir a donde mi tía. No sabía si
ella me acogería pero era la última esperanza que tenía. Cuando logre llegar allí,
ella, quien era soltera, me cuido como si fuese su hija.
Cumplidos mis 15 mi padre quiso llevarme de vuelta con él,
diciendo que estaba arrepentido de lo que intento hacer, pero ni mi tía ni yo queríamos
separarnos así que tuvimos que ir a juicio e intentar convencer al juez de que
solo estaría bien si estaba con la persona que ahora era como mi madre. Lo
logramos, pero ¿sabes qué?; hace un mes mi tía se desmayó, la lleve al hospital
pero le detectaron cáncer y solo le quedan unos meses de vida. Aun así ella
dijo que yo debía ser fuerte, seguir siempre adelante, sonriendo.
Yo no fui siempre sonriente, en el momento que llegue a casa
de mi tía estaba triste todo el día y lloraba toda la noche pero ella compartió
conmigo el secreto de la felicidad, sin
importar los problemas y las dificultades, hoy yo compartiré ese secreto
contigo…- Y acercándose a mi oído me susurro - Dios…
Después de aquella conversación jamás volví a sentir que mi
vida era desafortunada, me aferre a Dios, logrando sonreír todos los días,
ahora todo va mejor, porque puedo mirar las cosas positivamente, haciéndolas más
fáciles; es por eso que cuento mi historia a todas las personas que no veo sonreír,
compartiendo el secreto con ellas para que descubran lo mismo que yo descubrí….

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